lunes, 18 de febrero de 2013

Clear eyes — Capítulo 3.


— ¿Te importaría llevarme a su casa? Quizás haya pruebas—Se encogió de hombros. Se puso de pie, tomó unas llaves del llavero, y me las tiró. Las agarré justo a tiempo, sino, caían directamente en mi frente.

—Vamos—dijo seco y serio, asentí y salí de su casa detrás de él, cerrando la puerta de paso. Subí en mi coche, y lo invité a él a subirse al asiento del copiloto. Sin dudarlo ni un minuto, aceptó con una sonrisa —que más bien, me pareció bastante falsa—y arranqué el coche, no sin antes preguntar la dichosa dirección de su casa. La casa de William, mejor dicho.

—Es aquí. La casa blanca—dijo señalando hacia afuera, estacioné el coche y él fue el primero en bajarse. Tomé mi libreta, el bolígrafo, y escondí el bolso detrás del asiento. Cualquiera podía pasar, romper un vidrio de mi precioso coche que tanto me costó conseguir y llevárselo. Me robaban el bolso, me robaban la vida.

O casi.

Bajé y cerré las puertas con seguro. Caminé hacia la entrada de la gran casa blanca, que lucía bastante mal por fuera. No quiero imaginar cómo estaría por dentro.

Las persianas rotas, las paredes despintadas, el césped tenía como mínimo unos diez centímetros de alto, sin contar la cantidad de basura que había allí. Al parecer, su jardín lo habían usado como basurero del barrio.
Thomas abrió la puerta, la cual emitió un chirrido horripilante, parecido al de las películas de terror. Tanteó con su mano la pared, hasta que encontró el interruptor y las luces se encendieron, alumbrando un verdadero espectáculo allí.

—Esto no me lo esperaba—Murmuré mirando casi con pánico la escena que presenciaban mis ojos. Los pisos de madera estaban manchados con sangre, que a decir verdad parecía que hubieran asesinado allí a muchas personas. Tanta sangre no podía provenir de una sola persona. No, era imposible.

Miré a mi compañero, parecía no asombrarse de nada y eso me dio algo de nervios. Caminó, tratando de evitar las manchas en el suelo y salió al jardín. Miré a mí alrededor, las paredes estaban exactamente iguales que los  pisos. Sangre y sangre por todos lados y un olor ha muerto impresionante.

Seguí a Thomas por el mismo recorrido que él mismo había hecho y salí al jardín. El césped me llegaba un poco menos, por debajo de las rodillas. Pegando pequeños saltos, rogando porque allí no hubiera ningún pozo o algo de eso, me dirigí hacia el jardín trasero. Vi a Tom mirando atentamente algo que parecían…

—Joder ¿qué es eso?—Se sorprendió de mi presencia, quizás no me había escuchado seguirlo. Me hizo una seña a que me situara a su lado y así lo hice. Señaló un montón de tierra, y luego me miró con miedo— ¿Sucede algo?—No me respondió, más sólo se quedó mirando los tres o cuatro tumultos de tierra que adornaban el jardín de su hermano.

—Parecen tumbas—Murmuró para él mismo, pero alcancé a escuchar perfectamente, dado que en el lugar donde nos encontrábamos había mucho silencio. Sólo se escuchaba el viento soplar, y algún que otro canto de pájaro. Nada más.

— ¿Tú crees? ¿Porqué habría tumbas aquí?—Pregunté confusa, acercándome a una de ellas—. Hay que llamar a los investigadores. Ellos tienen que averiguar esto. Es su trabajo—Me miró, y negó rápidamente—. ¿Por qué?—Pregunté confundida.

—Simplemente no se puede—Acotó, y regresó al interior de la casa en silencio. Suspiré y me acerqué a una de ellas. Si eran tumbas, ¿habría cuerpos allí? Quizás William había enterrado a alguna de sus difuntas mascotas o algún recuerdo importante para él. No lo sé, pero no creo que allí precisamente se encuentren cuerpos. Hm, no lo creo. Eran tumultos pequeños de tierra, ahí no cabría un cadáver de persona, a menos que ésta fuera un gnomo.

Entré a la casa, y no vi a Thomas en ningún lado, así que me dediqué a investigar el lugar. Divisé la escalera y decidida subí el primer escalón.

—Nada malo sucederá—Susurré, y emití un largo suspiro, para comenzar a subir las escaleras de a poco. Hacían un ruido impresionante y temía por que en algún momento se derrumbaran. Parecían bastante antiguas y dado que no han tenido mantenimiento en algo de cinco años, es imposible que no hagan ruido o que se caigan. Espero que nada de eso pase.

Puse el primer pie en el segundo piso, y un escalofrío me recorrió la espalda de arriba hacia abajo. Las paredes y pisos no lucen nada diferentes a las de abajo. Al contrario, creo que estaban igual…o peor.
El segundo piso era más bien un pasillo, en el cuál había dos habitaciones de cada lado, y una al final de éste mismo. Miré hacia mi derecha, los dos primeros cuartos.

—A investigar se ha dicho—Susurré, y puse la mano en el picaporte, para luego hacer una pequeña fuerza, y permitir que se habrá con tan sólo el contacto. Hace un sonido parecido al de la puerta principal y con mi pie la empujo hasta que da con fuerza en la pared, abriéndose de par en par.

—Joder—Murmuré. De repente sentí que si no salía de ahí lo más rápido posible, vomitaría mi desayuno de la mañana.  Según mis ojos, era una habitación de niña. Las paredes rosa pastel gastadas por el tiempo y despintadas por la misma causa. Ositos de felpa desparramados por todos lados, la mayoría le falta un brazo, una pata, o incluso la cabeza. Una cama individual, las cobijas desparramadas en el suelo, y en ellas hay unas cuantas manchas de sangre. Marcas de manos con sangre, en las paredes, en el suelo, y en los muebles. Me acerqué al buró que había al lado de la ventana, y miré una foto. Una niña pequeña, de no más de seis o siete años, sonriendo mientras abrazaba un osito de felpa…el mismo al cual le falta un brazo, y la cabeza. La niña tenía los ojos celestes, casi blancos, parecidos a los ojos de los perros siberianos. Preciosos en verdad, con un brillo y inocencia que pocas veces vi. Tenía el cabello rubio, sujetado en dos trenzas que caían por encima de sus hombros. Un vestido por arriba de las rodillas, en colores blanco y rojo, con círculos de esos mismos colores, y un moño en la cabeza color rojo, haciendo juego con el vestido.
Inspecciono la habitación por última vez, y una lágrima se desprende de mi ojo. La habitación correspondía a la niña, y según mis hipótesis, ella estaba…muerta.

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